El canon occidental - Harold Bloom
- Estoy a favor de la lectura shakesperiana de Freud y no de la lectura freudiana de Shakespeare... los más importante que encontramos en Freud ya está en Shakespeare, además de una conveniente crítica a Freud. El mapa freudiano de la mente ya está en Shakespeare; Freud sólo parece haberlo escrito en prosa. O por decirlo de otra manera, la lectura shakesperiana de Freud ilumina y carga de significado el texto de Freud; una lectura freudiana de Shakespeare minimiza a Shakespeare, o lo haría si pudiéramos soportar una reducción que llega hasta el absurdo de echarlo a perder.
- Es algo de una imaginación exquisita. Cuando somos jóvenes ocupamos nuestro tiempo en trazar planes para los años posteriores, y se nos pasa por alto las gratificaciones que tenemos delante; cuando somos ancianos pasamos la languidez de la edad en el recuerdo de nuestros placeres o hechos juveniles; de modo que nuestra vida, que nunca hemos ocupado plenamente con el momento presente, se parece a los sueños de la siesta, cuando los sucesos de la mañana, se entremezclan con los planes para la tarde.
- La regular combinación de imaginativas invenciones puede satisfacer durante un rato, por esa novedad a cuya búsqueda nos envía a todos la común saciedad de la vida; pero los placeres del súbito asombro pronto se agotan, y la mente sólo puede reposar en el fiel de la verdad.
- Es algo de una imaginación exquisita. Cuando somos jóvenes ocupamos nuestro tiempo en trazar planes para los años posteriores, y se nos pasa por alto las gratificaciones que tenemos delante; cuando somos ancianos pasamos la languidez de la edad en el recuerdo de nuestros placeres o hechos juveniles; de modo que nuestra vida, que nunca hemos ocupado plenamente con el momento presente, se parece a los sueños de la siesta, cuando los sucesos de la mañana, se entremezclan con los planes para la tarde.
- La regular combinación de imaginativas invenciones puede satisfacer durante un rato, por esa novedad a cuya búsqueda nos envía a todos la común saciedad de la vida; pero los placeres del súbito asombro pronto se agotan, y la mente sólo puede reposar en el fiel de la verdad.