Cuanto más inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos

La revolución de la información está lejos de haber concluido. Por el contrario, en este dominio cada día surgen nuevas posibilidades. ¿Debemos alegrarnos?. Si el género de cultura que está reemplazando a la antigua nos parece un progreso, sin duda sí. Pero debemos inquietarnos si ese progreso significa confiar a los ordenadores la solución de todos los problemas cognitivos. Esto reduce la capacidad de nuestros cerebros para construir estructuras estables de conocimiento. En otras palabras: cuanto más inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos.

Analizando un caso concreto. Aunque no tengo como demostrarlo sospecho que cuando los escritores escriban literatura virtual no escribirán de la misma manera que han venido haciéndolo como hasta ahora en pos de la materialización de sus escritos en ese objeto concreto, táctil y durable que es (o no parece ser) el libro. Ya nos está ocurriendo con la música y creo que la siguiente víctima puede ser la literatura.

Algo de la inmaterialidad del libro electrónico se contagiará a su contenido, como le ocurre a esa literatura desdeñada y sin orden ni sintaxis, hecha de apócopes y jerga, a veces indescifrable, que domina el mundo de los blogs, el Twitter, el Facebook y demás sistemas de comunicación a través de la Red, como si sus autores, al usar para expresarse ese simulacro que es el orden digital, se sintieran liberados de toda exigencia formal y autorizados a atropellar la gramática, la sindéresis y los principios más elementales de la corrección lingüística.

Todo esto tiene un precio y, en última instancia, significará una transformación tan grande en nuestra vida cultural y en la manera de operar el cerebro humano como lo fue el descubrimiento de la imprenta por Johannes Gutemberg en el siglo XV que generalizó la lectura de los libro. Los medios no son nunca meros vehículos de un contenido, ejercen una solapada influencia sobre este y, a largo plazo, modifican nuestra manera de pensar y de actuar.