¿Dónde?

Ciertamente podría decirse que el comercio es gente o, para ampliar el lema de General Motors, "lo que es bueno para el comercio es bueno para la humanidad", pero creo que el fiasco económico de tiempos recientes ha enterrado, de momento, una idea tan ingenua.

No obstante, por desgracia, nuestras urbes siguen centradas en el comercio: tenemos torres fabulosas donde fabricar dinero, impresionantes edificios donde guardarlo, clubes y restaurantes donde exhibirlo, y disponemos de interminables extensiones de terreno para que los coches corran o descansen. Pero ¿dónde está el espacio que satisface las necesidades físicas y sociales y -no quisiera parecer un sentimentaloide- espirituales de las personas? ¿Dónde está el espacio que invita a las madres a pasear con sus hijos? ¿Dónde están esos lugares amplios y limpios para que los niños pequeños puedan jugar? ¿Dónde hay espació para que los niños mayores puedan derrochar su revoltosa energía? ¿Dónde están los colegios que quedan a una cómoda pero estimulante distancia de casa ya sea a pie o en bicicleta? ¿Dónde están esos espacios públicos que sirven de informal punto de encuentro para los adolescentes (y, por favor, que nadie equipare los centros comerciales o los tugurios de comida rápida con un parque o una plaza)? ¿Dónde puede uno, durante los turbulentos años de la adolescencia, buscar la reconfortante soledad de la naturaleza? ¿Y dónde pueden encontrar los jóvenes enamorados lugares románticos de belleza natural en la que experimentar esa mágica sensación de aislamiento? ¿Dónde pueden pasear los vecinos y encontrarse por casualidad, espontáneamente, y por un rato hablando, chismorreando, intercambiando ideas como amigos? ¿Y dónde pueden los ancianos dedicar su precioso tiempo a algo constructivo, transmitir su saber, formar parte de la sociedad? A casi todas estas preguntas , nuestras ciudades responden: en ninguna parte.

Hemos creado un paisaje monótono de gente monótona. Un gueto verde mitad natural mitad plástico, aislado de todo contacto humano, donde cada día tenemos de principal compañero a la radio, la telenovela, la nevera, la licuadora, la lavadora, el coche. Es un lugar donde los miembros de la familia se reúnen después del trabajo y juntos o uno por uno se inmovilizan ante la pantalla del televisor, donde todo lo que ha quedado fuera del mundo real, toda su vida no vivida, pasa ante sus ojos.