Un hombre tranquilo y solitario, y sin embargo, feliz
Me interesó por ser un hombre tranquilo y solitario, y sin embargo feliz, un pozo de buen humor y entusiasmo rebosaba por sus ojos. Alegría sin impurezas.
Algunas veces me lo encontraba trabajando en los bosques, derribando árboles, y me recibía con una risa de inefable satisfacción y un saludo en francés canadiense, a pesar de que también hablaba inglés. Cuando me aproximaba hacía una pausa, se recostaba con alegría contenida contra el tronco del pino que acababa de derribar, rascaba el interior de su corteza, hacía con ella una pelotilla y comenzaba a mascarla mientras hablaba y reía. En él habitaba una exuberancia propia de los espíritus animales, hasta el punto que, a veces, cuando sentía el cosquilleo de un pensamiento que le agradaba, se tiraba literalmente al suelo y se retorcía de risa. Mirando a los árboles que tenía a su alrededor exclamaba: "¡Por Jorge! Cómo me gusta talar árboles aquí, no necesito más diversión". Otros días, cuando andaba ocioso, pasaba el día entretenido en los bosques disparando salvas en su propio honor a intervalos regulares y con una pistola de bolsillo. En invierno encendía un fuego con el que calentaba a mediodía su cazo de café, y a veces, cuando se sentaba en un tronco para comer, lo rodeaban los carboneros y se posaban sobre su brazo y le picoteaban las patatas directamente de los dedos.
El sol del atardecer se refleja en los ventanales del asilo con las misma calidez que en la mansión de un hombre rico; con la llegada de la primavera la nieve se funde ante su puerta al mismo tiempo. No veo porque un hombre tranquilo podría vivir ahí feliz y tener pensamientos joviales al igual que en un palacio.
No busquéis con tanta ansia vuestro desarrollo, ni os sometíais a demasiadas influencias; sólo conseguiréis disiparos. La vida más dulce es aquella que se aceca a los huesos. Nada se pierde en un nivel inferior por la grandeza expresada en uno superior. La riqueza superflua sólo adquiere lo superfluo. No hace falta dinero para comprar lo que el alma necesita. No os preocupéis por conseguir más cosas, ya sean ropas o amigos. Dadle la vuelta a las viejas prendas; volved a los amigos de siempre. Las cosas no cambian, nosotros cambiamos.
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