La excusa de Israel para su mal comportamiento


En una versión cristiana de la historia judía, los judíos —como Cristo— solo pueden vencer de verdad cuando pierden (o mejor dicho, después). Si parecen salir victoriosos, conseguir sus objetivos (a costa de otros) existe un problema. Pero esta por otra parte elegante apropiación europea de la historia de otros para propósitos muy distintos genera complicaciones. La primera de ellas es que Israel está ahí.

Es como si Jesucristo se hubiera reencarnado en una versión bastante retorcida aunque brillante de su anterior ser: instalado en un café de Jerusalén, diciendo las mismas cosas que solía decir y haciendo que sus antiguos perseguidores se sientan culpables de haberle crucificado, aunque al mismo tiempo le odien profundamente por recordárselo. Pero pensemos en lo que eso significaría. Sugeriría que en un breve plazo de tiempo —una o dos generaciones— el incómodo recuerdo del sufrimiento de Jesús se vería completamente borrado por la irritación derivada de la continua evocación de ese sufrimiento.

Y así la historia terminaría pareciéndose mucho a esta. Los judíos —como Jesús— se convertirían en la evidencia martirizada de nuestras propias imperfecciones. Pero lo único que podemos ver es su propia imperfección, su obsesiva insistencia en alimentarse de nuestros defectos en su beneficio. Creo que ya hoy estamos empezando a ver cómo emerge este sentimiento. En los años próximos, Israel va a devaluar, socavar y finalmente destruir el significado y la utilidad del Holocausto, reduciéndolo a lo que mucha gente ya dice que es: la excusa de Israel para su mal comportamiento.

Antes esta argumentación solía escucharse en círculos lunáticos o fascistas. Pero hoy en día está totalmente instalada y se ha convertido en un lugar común dentro de la corriente intelectual y contracultural dominante. Vayamos por ejemplo a Turquía, Ámsterdam o incluso Londres (a Estados Unidos todavía no): en cualquier debate serio sobre Oriente Próximo o Israel, alguien te preguntará —con toda la buena fe del mundo— si no ha llegado ya el momento de distinguir entre Israel y el Holocausto, y que esto último no debería seguir utilizándose como el salvoconducto para exculpar a un Estado canalla.


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