Hemos llegado lejos, pero no lo suficiente


Las crisis en el mundo natural y humano están relacionadas entre sí. Jonas Salk fue el científico pionero que elaboró la vacuna contra la poliomielitis. Al final de su vida, Salk hizo una observación provocadora que abordaba las dos formas de crisis climáticas: «Es interesante pensar que si desaparecieran todos los insectos de la faz de la Tierra, todas las demás formas de vida acabarían al cabo de cincuenta años». Entendió que los insectos que pasamos tanto tiempo intentando erradicar son hilos fundamentales de la intrincada red de la vida en la Tierra. Y añadió: «Pero si todos los seres humanos desapareciésemos de la Tierra, todas las demás formas de vida florecerían al cabo de cincuenta años».

Lo que quiso decir es que en la actualidad nos hemos convertido en el problema. Nuestra extraordinaria capacidad de imaginación ha dado lugar a los mayores logros humanos: nos ha llevado de las cuevas a las ciudades, de los pantanos a la Luna. Pero hoy día corremos el riesgo de que nuestra imaginación nos falle. Hemos llegado lejos, pero no lo suficiente.

Todavía somos demasiado intolerantes y pensamos demasiado a fondo acerca de nosotros mismos como individuos y como especie, y muy poco acerca de las consecuencias de nuestras acciones. Para aprovechar al máximo nuestro tiempo juntos en este pequeño y abarrotado planeta, tenemos que desarrollar —consciente y rigurosamente— nuestras facultades creativas dentro de un marco diferente del designio de la humanidad. Miguel Ángel dijo una vez: «El mayor peligro para la mayoría de nosotros no es que nuestras aspiraciones sean muy altas y las desaprovechemos, sino que son demasiado humildes y las alcanzamos». Tenemos que aspirar alto y estar decididos a lograrlo.