De qué se ríe Demócrito


Piensas que hay dos causas para mi risa, a saher, Ios bienes y los males. Pero sólo me río del hombre, lleno de sinrazón, e incapaz de actuar con rectitud, que con los demás se porta pueril y locamente; que soporta inútilmente penalidades sin cuento; que llega hasta los confines del mundo, por infinitas regiones (empujado por una codicia exagerada), buscando incansablemente oro y plata. sin dejar de afanarse por conseguir cada día más bienes, para no estar entre los últimos y librarse de la vergüenza de no ser llamado feliz. También me río del hombre que va hurgando las entrañas y venas de la tierra, haciendo minas, donde a menudo se agota y se asfixia, en lugar de conformarse con lo que produce la tierra (madre de todos) en cantidad suficiente para mantener a los hombres. Los hay que quieren ser grandes señores y mandar a muchos y que, sin embargo, no saben gobernarse a sí mismos. Se casan con mujeres a las que al poco tiempo repudian. Aman, y luego odian. Quieren tener hijos y cuando crecen. Ies mandan lejos. ¿Qué cosa tan vana y absurda es ésta (que en nada difiere de Ia locura) de hurgar en la tierra para sacar dinero?, pues cuando tienen dinero lo emplean en comprar tierras, y cuando tienen tierras, venden sus frutos para tener más dinero? ¿Cuántos cambios hacen? Los que no tienen nada, quieren poseer algo; cuando tienen, o bien Io disipan neciamente o Io guardan escondido, sin que sirva a nadie. Me río cuando les veo portarse mal, me río todavía más cuando veo sus fracasos. Violan las leyes de la verdad, se enredan en procesos mortales, disfrutando con las tensiones y luchas entre hermanos, parientes y ciudadanos, y algunas veces llegan a matarse entre ellos: todo por esas riquezas, De las cuales nadie es dueño después de su muerte. Viven desbordadamente, pero no se preocupan en absoluto de la indigcncia de sus amigos y de su patria. Persiguen cosas indignas, con una marcada preferencia por las inanimadas, comprando por mucho dinero estatuas con una expresión tan natural que sólo les falta la palabra, y sin embargo odian a quienes les dicen la verdad. Además, les apetece Io que no está a su alcance. pues a quien vive en tierra firme Ie gustaria estar en el mar, y al que está en una isla le gustaria estar en tierra firme. Reduciéndolo todo a su pasión, alaban la fuerza para Ia guerra, y sin embargo todos los días les vence la lascivia, otras pasiones que enferman sus almas. Así que, ¿por qué has censurado mi risa, oh Hipócrates? Pues nadie se rfe de su propia locura sino de la de los demás: quienes creen estar sobrios se ríen de los borrachos, otros se ríen de ]os enamorados (aunque ellos padezcan un mal aún mayor), otros de los que navegan, y otros de los que trabajan la tierra, pues no se ponen de acuerdo ni sobre las labores, ni sobre las acciones.