Escuchar a Wagner sin invadir Polonia
Aunque una de las muchas e ingeniosas frases de Woody Allen fue “cuando escucho a Wagner durante más de media hora me entran ganas de invadir Polonia”, la que decía su personaje en la película “Misterioso asesinato en Manhattan”, lo cierto es que a Wagner se le puede escuchar; eso sí, con precaución.
Cuando hablo de precaución no lo digo por las conocidas opiniones antisemitas de Wagner, que supo capitalizar hacia sí mismo el partido nazi y el propio Hitler al utilizar como música de fondo de algunos de sus esperpénticos actos algunas de las conocidas piezas del compositor alemán, y sobre lo que Woody Allen hacía su sutil referencia. Lo digo por lo difícil que resulta entregarse a este autor incluso para aquellos que ya están muy duchos en lances operísticos. Wagner es difícil, en muchas ocasiones muy difícil y en algunas (no nos engañemos) aburrido, e incluso muy aburrido, lo siento. Sin embargo, en el otro lado de la balanza está que, al menos para mí, Wagner tiene algunos de los mejores momentos que jamás he escuchado en cualquier ópera y posiblemente en cualquier otro género de la llamada música clásica.
Alguno de esos momentos están el la ópera Tannhäuser, de la que disfrutaremos en el mes de marzo en el Teatro Real, en un montaje de Los Angeles Opera y en el que se situará la acción en un salón del siglo XIX para representar el conflicto entre la libertad del artista frente a una sociedad opresiva y convencional, en la que irrumpe de repente y de manera realmente provocadora el mundo sensual del Venusberg. Nuestro insigne director Jesús López Cobos prosigue con su dedicación wagneriana después de Lohengrin y Tristan und Isolde, para lo que contará con dos de los más experimentados Tannhäuser de hoy, Peter Seiffert y Robert Gambill, junto a otros nombres de relieve como Petra Maria Schnitzer, Edith Haller, Lioba Braun, Christian Gerhaher o Roman Trekel. Ya veremos qué tal.
Lo que si sabemos es que Tannhäuser es una ópera en tres actos basada en dos leyendas alemanas: la del caballero Tannhäuser y la otra llamada "el concurso de canto del Castillo de Wartburg". Los temas principales de la ópera son la lucha entre el amor sagrado y profano, y la redención a través del amor, tema dominante en gran parte de la obra de Wagner.
Tannhäuser es un caballero que encuentra el camino a la montaña de Venus siendo mortal. Sin embargo, está cansado del placer, por lo que determina abandonar a la diosa para encontrar la curación. Venus, por su parte, intenta mantener a su caballero con ella pero no lo consigue a pesar de decirle que los hombres nunca le perdonarán por amar a una diosa pagana. En cuanto Tannhäuser renuncia a Venus se reconcilia con los caballeros a los que abandonó. Al hablar con ellos se entera de que hay una competición de canto a la que quiere ir para ganar el corazón de Elisabeth, la sobrina del conde.
En el segundo acto se encuentran de nuevo Tannhäuser y Elisabeth. En una conversación entre el conde y Elisabeth se descubre su unión. Mientras tanto, Tannhäuser reconoce que ha estado con Venus y eso en su tiempo era blasfemia, pero gracias a Elisabeth consigue viajar hasta Roma para redimirse.
En el tercer acto, Elisabeth se muestra dispuesta a morir para la redención de Tannhäuser. Éste, mientras está en Roma, no consigue la redención, por lo cual decide pasar sus últimos días con Venus. Al final de la ópera, Tannhäuser muere creyendo que Elisabeth lo ha redimido, de manera que el mundo de Venus desaparece totalmente.
Por terminar como empecé. Richard Wagner murió en 1883. Han pasado ya 125 años y sin embargo continua una prohibición no escrita de interpretar obras del compositor en Israel. Resulta sorprendente éste comportamiento, contra el que ya se rebelaron dos afamados directores de orquesta judíos, Zubin Mehta y Daniel Barenboim. Este último dando un magistral ejemplo al pueblo israelí con su Orquesta West-Eastern Divan, un proyecto ideado por el músico argentino-israelí-palestino-español y el filósofo palestino-estadounidense Edward Said en 1999 para reunir, con espíritu de concordia, a jóvenes talentos musicales palestinos, tanto árabes como israelíes y con la que se pretende expresar la posibilidad de paz y convivencia en el Medio Oriente a través de la música… incluida la de Wagner.
El West-Eastern Divan no es únicamente un proyecto musical, es también un foro para el diálogo y la reflexión sobre el problema palestino-israelí. Este proyecto nació con el propósito de combinar el estudio y el desarrollo musical con compartir el conocimiento y la comprensión entre culturas que han sido tradicionalmente rivales. Sus primeras ediciones transcurrieron entre Weimar y Chicago hasta que, en 2002, se estableció definitivamente en Sevilla, donde en 2004 se creó tambien la Fundación Barenboim-Said con el propósito de desarrollar diversos proyectos educativos a través de la música basados en los principios de convivencia y diálogo promulgados por Said y Barenboim.
Creo que es incuestionable pensar que Wagner fue un gran genio. Revolucionó toda la concepción de la ópera; transformó totalmente el sistema musical y creó diez obras maestras, diez óperas que se encuentran en la cima de la música occidental. El reto que Wagner representa no sólo para los judíos israelíes, sino para todos, es cómo admirar y ejecutar su música, por un lado, y al mismo tiempo separarla de sus odiosos escritos y del uso que algunos dieron de todo ello tanto en el pasado como hoy día.
Tal vez si todos aprendiésemos más de estas lecciones (ya sea escuchando música, leyendo, viajando o, sencillamente, utilizando mejor la cabeza y el corazón), hace 125 años, hace 70 años o ayer mismo, el mundo sería algo mejor de lo que lo es hoy. No habría sentimientos de razas superiores e inferiores, no habría guerras ni genocidios o no morirían niños inocentes como Mohammed Altura, al que su padre no pudo proteger de las balas y las explosiones.
Cuando hablo de precaución no lo digo por las conocidas opiniones antisemitas de Wagner, que supo capitalizar hacia sí mismo el partido nazi y el propio Hitler al utilizar como música de fondo de algunos de sus esperpénticos actos algunas de las conocidas piezas del compositor alemán, y sobre lo que Woody Allen hacía su sutil referencia. Lo digo por lo difícil que resulta entregarse a este autor incluso para aquellos que ya están muy duchos en lances operísticos. Wagner es difícil, en muchas ocasiones muy difícil y en algunas (no nos engañemos) aburrido, e incluso muy aburrido, lo siento. Sin embargo, en el otro lado de la balanza está que, al menos para mí, Wagner tiene algunos de los mejores momentos que jamás he escuchado en cualquier ópera y posiblemente en cualquier otro género de la llamada música clásica.
Alguno de esos momentos están el la ópera Tannhäuser, de la que disfrutaremos en el mes de marzo en el Teatro Real, en un montaje de Los Angeles Opera y en el que se situará la acción en un salón del siglo XIX para representar el conflicto entre la libertad del artista frente a una sociedad opresiva y convencional, en la que irrumpe de repente y de manera realmente provocadora el mundo sensual del Venusberg. Nuestro insigne director Jesús López Cobos prosigue con su dedicación wagneriana después de Lohengrin y Tristan und Isolde, para lo que contará con dos de los más experimentados Tannhäuser de hoy, Peter Seiffert y Robert Gambill, junto a otros nombres de relieve como Petra Maria Schnitzer, Edith Haller, Lioba Braun, Christian Gerhaher o Roman Trekel. Ya veremos qué tal.
Lo que si sabemos es que Tannhäuser es una ópera en tres actos basada en dos leyendas alemanas: la del caballero Tannhäuser y la otra llamada "el concurso de canto del Castillo de Wartburg". Los temas principales de la ópera son la lucha entre el amor sagrado y profano, y la redención a través del amor, tema dominante en gran parte de la obra de Wagner.
Tannhäuser es un caballero que encuentra el camino a la montaña de Venus siendo mortal. Sin embargo, está cansado del placer, por lo que determina abandonar a la diosa para encontrar la curación. Venus, por su parte, intenta mantener a su caballero con ella pero no lo consigue a pesar de decirle que los hombres nunca le perdonarán por amar a una diosa pagana. En cuanto Tannhäuser renuncia a Venus se reconcilia con los caballeros a los que abandonó. Al hablar con ellos se entera de que hay una competición de canto a la que quiere ir para ganar el corazón de Elisabeth, la sobrina del conde.
En el segundo acto se encuentran de nuevo Tannhäuser y Elisabeth. En una conversación entre el conde y Elisabeth se descubre su unión. Mientras tanto, Tannhäuser reconoce que ha estado con Venus y eso en su tiempo era blasfemia, pero gracias a Elisabeth consigue viajar hasta Roma para redimirse.
En el tercer acto, Elisabeth se muestra dispuesta a morir para la redención de Tannhäuser. Éste, mientras está en Roma, no consigue la redención, por lo cual decide pasar sus últimos días con Venus. Al final de la ópera, Tannhäuser muere creyendo que Elisabeth lo ha redimido, de manera que el mundo de Venus desaparece totalmente.
Por terminar como empecé. Richard Wagner murió en 1883. Han pasado ya 125 años y sin embargo continua una prohibición no escrita de interpretar obras del compositor en Israel. Resulta sorprendente éste comportamiento, contra el que ya se rebelaron dos afamados directores de orquesta judíos, Zubin Mehta y Daniel Barenboim. Este último dando un magistral ejemplo al pueblo israelí con su Orquesta West-Eastern Divan, un proyecto ideado por el músico argentino-israelí-palestino-español y el filósofo palestino-estadounidense Edward Said en 1999 para reunir, con espíritu de concordia, a jóvenes talentos musicales palestinos, tanto árabes como israelíes y con la que se pretende expresar la posibilidad de paz y convivencia en el Medio Oriente a través de la música… incluida la de Wagner.
El West-Eastern Divan no es únicamente un proyecto musical, es también un foro para el diálogo y la reflexión sobre el problema palestino-israelí. Este proyecto nació con el propósito de combinar el estudio y el desarrollo musical con compartir el conocimiento y la comprensión entre culturas que han sido tradicionalmente rivales. Sus primeras ediciones transcurrieron entre Weimar y Chicago hasta que, en 2002, se estableció definitivamente en Sevilla, donde en 2004 se creó tambien la Fundación Barenboim-Said con el propósito de desarrollar diversos proyectos educativos a través de la música basados en los principios de convivencia y diálogo promulgados por Said y Barenboim.
Creo que es incuestionable pensar que Wagner fue un gran genio. Revolucionó toda la concepción de la ópera; transformó totalmente el sistema musical y creó diez obras maestras, diez óperas que se encuentran en la cima de la música occidental. El reto que Wagner representa no sólo para los judíos israelíes, sino para todos, es cómo admirar y ejecutar su música, por un lado, y al mismo tiempo separarla de sus odiosos escritos y del uso que algunos dieron de todo ello tanto en el pasado como hoy día.
Tal vez si todos aprendiésemos más de estas lecciones (ya sea escuchando música, leyendo, viajando o, sencillamente, utilizando mejor la cabeza y el corazón), hace 125 años, hace 70 años o ayer mismo, el mundo sería algo mejor de lo que lo es hoy. No habría sentimientos de razas superiores e inferiores, no habría guerras ni genocidios o no morirían niños inocentes como Mohammed Altura, al que su padre no pudo proteger de las balas y las explosiones.