Manuscrito hallado en Internet
“Improbable lector: Ahora que mi texto se ha asomado a tu pantalla, te pido unos minutos de tu tiempo. No será mucho. Lo que tardes en leer las escasas líneas de este prólogo. No sé qué busco dando a conocer mis escritos de este modo. Pensándolo bien, las cosas no cambian demasiado con respecto al método tradicional. Como autor, sigo estando a tu merced. Basta con que no pulses el icono del final y todo habrá acabado para mí, pero lo mismo ocurriría si te tropezaras con un libro mío en los anaqueles de una librería y no te decidieras a hojearlo. En el fondo esto no es más que un juego, muy antiguo por demás. Al lanzar un texto anónimo a la infinitud del espacio virtual, me siento exactamente igual que quien arroja al mar un mensaje encerrado en una botella. Corro el riesgo de que se pierda, o de que sus posibles lectores, después de dar con él, decidan ignorarlo. Nada de eso me importa demasiado. Esto es un pacto, el mismo de siempre. Las leyes del juego están claras desde la noche de los tiempos. No es posible entender el acto de leer de otra manera.
Si has llegado hasta aquí, estamos en igualdad de condiciones. No sé cómo te llamas, qué edad tienes, si eres hombre o mujer, en qué lugar del mundo estarás cuando leas lo que estoy escribiendo en este instante. El formato digital me permite ocultarme con tanta eficacia como a ti. Ni siquiera tengo modo de saber la distancia temporal que nos separa. Tal vez sea insalvable. De modo parecido a lo que sucede con la luz de las estrellas, que sigue viajando indefinidamente después de haberse extinguido su fuente originaria, puede ocurrir que cuando leas esto yo haya dejado de existir. De ser así, tampoco importaría. El destino de toda obra literaria, si no acaban con ella el olvido, la barbarie o el azar, es sobrevivir al autor que la compuso. Hago esta declaración a fin de ahorrar a los lectores del futuro, si los llega a haber, el esfuerzo de intentar dar con el autor de los ‘Cuentos de ida y vuelta’ que aquí se ofrecen, suponiendo que la lectura de los mismos pudiera provocar en alguien tal efecto. Por lo demás, prefiero salvaguardar mi identidad, aunque quien expone su escritura como lo hago yo aquí, inevitablemente deja tras de sí una estela que pone al descubierto una parte importante de su alma. Pero basta de preámbulos. Al final, si lo deseas, tendrás la opción de descargar mis ‘Cuentos de ida’. Si su lectura es de tu agrado, una vez que los completes, podrás solicitar el envío de la segunda parte, los ‘Cuentos de vuelta’. Lo hagas o no, yo nunca lo sabré. Del mismo modo que yo soy para ti un autor sin nombre, para mí tú no eres más que un código en el espacio virtual. Eso no quiere decir que no quede un margen para el misterio. Al igual que puede ocurrir a quienes a la hora de leer o escribir prefieren el papel, nada impide que nuestros caminos puedan algún día llegar a cruzarse. Termino ya. Sólo me queda desear que estos relatos, fruto de mi imaginación, te aporten algo, bien porque te muestren algún aspecto de la vida en el que no hayas fijado antes la atención, bien porque te estimulen a pensar de un modo que no lo hubieras hecho de no haberte tropezado con ellos. O simplemente –y con eso me conformo- porque durante el breve tiempo que te robe su lectura, te brinden algo de solaz y compañía.”
Así comienza “Ladrón de mapas” la última novela de Eduardo Lago (ya nos fascinó con “Llámame Brooklyn”). Creo que no hay más que decir, el prólogo nos hace ver lo que vamos a encontrarnos a lo largo de sus 372 páginas de relatos. Siéntense y disfruten.
Si has llegado hasta aquí, estamos en igualdad de condiciones. No sé cómo te llamas, qué edad tienes, si eres hombre o mujer, en qué lugar del mundo estarás cuando leas lo que estoy escribiendo en este instante. El formato digital me permite ocultarme con tanta eficacia como a ti. Ni siquiera tengo modo de saber la distancia temporal que nos separa. Tal vez sea insalvable. De modo parecido a lo que sucede con la luz de las estrellas, que sigue viajando indefinidamente después de haberse extinguido su fuente originaria, puede ocurrir que cuando leas esto yo haya dejado de existir. De ser así, tampoco importaría. El destino de toda obra literaria, si no acaban con ella el olvido, la barbarie o el azar, es sobrevivir al autor que la compuso. Hago esta declaración a fin de ahorrar a los lectores del futuro, si los llega a haber, el esfuerzo de intentar dar con el autor de los ‘Cuentos de ida y vuelta’ que aquí se ofrecen, suponiendo que la lectura de los mismos pudiera provocar en alguien tal efecto. Por lo demás, prefiero salvaguardar mi identidad, aunque quien expone su escritura como lo hago yo aquí, inevitablemente deja tras de sí una estela que pone al descubierto una parte importante de su alma. Pero basta de preámbulos. Al final, si lo deseas, tendrás la opción de descargar mis ‘Cuentos de ida’. Si su lectura es de tu agrado, una vez que los completes, podrás solicitar el envío de la segunda parte, los ‘Cuentos de vuelta’. Lo hagas o no, yo nunca lo sabré. Del mismo modo que yo soy para ti un autor sin nombre, para mí tú no eres más que un código en el espacio virtual. Eso no quiere decir que no quede un margen para el misterio. Al igual que puede ocurrir a quienes a la hora de leer o escribir prefieren el papel, nada impide que nuestros caminos puedan algún día llegar a cruzarse. Termino ya. Sólo me queda desear que estos relatos, fruto de mi imaginación, te aporten algo, bien porque te muestren algún aspecto de la vida en el que no hayas fijado antes la atención, bien porque te estimulen a pensar de un modo que no lo hubieras hecho de no haberte tropezado con ellos. O simplemente –y con eso me conformo- porque durante el breve tiempo que te robe su lectura, te brinden algo de solaz y compañía.”
Así comienza “Ladrón de mapas” la última novela de Eduardo Lago (ya nos fascinó con “Llámame Brooklyn”). Creo que no hay más que decir, el prólogo nos hace ver lo que vamos a encontrarnos a lo largo de sus 372 páginas de relatos. Siéntense y disfruten.