Un lugar en la sombra y un lugar en la cocina… al desnudo

Dos profesiones apasionantes: arquitecto y cocinero. Dos premiadas carreras: medalla de oro del RIBA y tres estrellas Michelin. Dos personalidades muy distintas: sencillo/discreto y engreído/altanero. Sin embargo una forma común de entender su trabajo y opinar del de los demás.

El arquitecto indio Charles Correa ha presentado en la Fundación Caja de Arquitectos su libro “Un lugar a la sombra”, en el que analiza la importancia de lo sagrado en la arquitectura. “Lo sagrado es profundizar en algo. Pararse a pensar. Antes los arquitectos conocían cada centímetro de sus obras. Hoy hemos reducido la arquitectura a subir a un avión y hacer un croquis”.

En el trabajo de Correa se vislumbra la genial reinterpretación de la cultura polifacética de la India; la identidad de ese país, dirigiendo la mirada hacia la historia del espacio y de la población involucrada, es decir, donde se redescubre la arquitectura histórica del lugar manteniendo las raíces, para inventar el futuro. Charles Correa proyecta edificaciones destinadas a satisfacer las aspiraciones de los usuarios, sin ignorar la cultura a la cual pertenecen, reinterpretando al mismo tiempo el programa a través de las tradiciones.

Además del respeto por la identidad de los pueblo, Correa demuestra a través de su obra, una adaptación al entorno. Valiéndose de patios, de las texturas, de los colores, de la vegetación y del agua como elementos de composición. Estos elementos básicos a nuestros ojos toman sentido funcional y espiritual en sus obras. La consideración del medio y de la población revela en la obra de Correa un mimetismo identitario traducido en espacios.

Me quedo con alguna de sus frases: “Si le preparo un curry no le gustará llevarse a la boca una cuchilla de afeitar. Muchas de las sorpresas actuales consisten en hacer edificios que parece que se caen. Creo que los arquitectos se están metiendo en lugares que no nos pertenecen. El día que veamos a un ingeniero diseñando un puente por el que la gente parece caerse ¿qué pensaremos? Que la profesión está enferma. La locura puede funcionar en literatura, pero los ingenieros, arquitectos y médicos debemos actuar”.

El último libro del cocinero Santi Santamaría, “La cocina al desnudo” desató una intensa polémica por su critica a la llamada cocina molecular de Ferrán Adriá y sus seguidores por el uso de aditivos industriales que Santamaría considera más adecuados de la alimentación industrial y no propios de los grandes santuarios culinarios. El chef pretende iniciar una reflexión al respecto de la sobredimensión de esta “cocina de vanguardia” e invita a retornar a una manera de hacer más cercana a las raíces y al producto.

De este libro me quedo con algunas frases: “La desorientación entre profesionales se hace patente cuando se opta por ejecutar cocinas sin tradición ni producto por temor a quedar aparcados en la carrera de quien tiene más exposición mediática. Más vale un joven cocinero intérprete que se esfuerce por comprender a nuestros clásicos que no los listillos que, sin conocer ni reconocer a los maestros, se consideran artistas. Las personas que manifiestan su devoción por la alta cocina sofisticada suelen ser gentes intelectualmente respetables, escépticas en cuestiones religiosas o políticas, sin embargo en materia de espumas y aromas sintetizados por ordenador muestran una credulidad –por no decir tragaderas- verdaderamente asombrosas”.

Parafraseando a Alain Ducasse, “estos restaurantes no dan rodaballo sin magia, sino magia sin rodaballo” o podríamos decir ”estos estudios no dan arquitectura sin magia, sino magia sin arquitectura”.