Sobre las versiones de la historia

He tenido un agrio debate con algunos conocidos míos, sobre la diferente opinión que se tiene acerca de algunos de nuestros políticos del pasado.

Nos centramos en que se debatía sobre si la historia es la que es o la historia se escribe a la manera de unos y otros y se interpreta a la manera de unos y otros. Aunque la intención de mi debate inicial sólo fue citar a una serie de intelectuales que se posicionaron políticamente, yo no pretendí entrar a valorar ese posicionamiento y tan solo los valoré como intelectuales (no olvidemos Manuel Azaña escribió a lo largo de su vida decenas de obras de ensayo, novela y teatro). A pesar de ello se desencadenó el ya habitual enfrentamiento ideológico argumentado en este caso por una visión sobre algunos acontecimientos ocurridos en España entre 1931 y 1936.

A mi entender hubo ejemplos válidos de algunos de los que debatíamos, sobre cómo se vio desde Alemania entre los años 1933 y 1944 a Hitler y como se le ve ahora, ya es clarificador para entender que la historia no es una ciencia exacta donde las cosas o son blancas o son negras, la historia es toda una compleja gama de grises que cada uno interpreta a su manera según su visión, formación, ideología, actitud e, incluso, estado de ánimo. Además creo que es muy importante lo que también se dijo en cuanto a quiénes son los vencidos y quiénes los vencedores, y si estos últimos durante 39 años estuvieron contando las cosas desde su perspectiva.

Me atrevo a poner el siguiente ejemplo. Supongamos que en febrero de 1981 hubiese triunfado en España el golpe de estado militar. Imaginemos que durante 20 años hubiese gobernado Alfonso Armada. ¿Que hubiesen dicho los libros de historia de los colegios durante esos 20 años?. Posiblemente justificarían su acción y hablarían de la fuerte crisis económica, la situación imposible de inestabilidad política, la vuelta de los comunistas y la rápida ascensión de los socialistas, de la desmembración territorial de España y de las continuas matanzas de militares por parte de los terroristas. Todo eso puede parecer muy similar a la situación de España en 1936, pero debemos añadirle un dato clave que lo diferencia, el nivel de analfabetismo en la España de 1936 era altísimo. Gracias a Dios el golpe militar no salió a delante y hoy, 25 años después, la democracia española está muy consolidada (posiblemente más que otras europeas de más antigüedad), España es una potencia en el mundo, existen todo tipo de partidos democráticos, la unidad de España continúa siendo una realidad y, aunque continuamos con la lacra terrorista, estos están más arrinconados que nunca.

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