La conciencia de los lectores

“La tregua” es una novela que Mario Benedetti escribió en 1960 y cuya historia se desarrolla en Montevideo, Uruguay. Se presenta bajo la forma del diario personal de Martín Santomé, un hombre maduro, cincuentón, viudo, empleado de clase media y padre de tres hijos. Se trata de un hombre común y corriente y sin ningún compromiso. Poco a poco vamos sabiendo que tiene una relación amorosa con su secretaria, una joven llamada Laura Avellaneda con la que comparte clandestinamente un apartamento. El lector comprueba que Santomé carece de envergadura personal, pero sospecha que algo está gestándose que lo sacará de su gris cotidianidad, y terminará por encontrarlo simpático e impaciente, esperando que despliegue las alas para salir de su mediocridad. Cuando todo apunta a que la historia tendrá un final feliz, Laura muere repentinamente. Ese período de felicidad y realización personal no fue más que una tregua… y la cotidianidad retoma su existencia, dejándole el recuerdo de “La tregua” de felicidad junto a Laura. Todo eso encerrado entre las páginas de un diario personal.

Sin embargo el diario es sólo un instrumento para enviar a las conciencias de los lectores una profunda reflexión sobre variados aspectos de la vida que son comunes a todos, ya se viva en Montevideo, en Madrid o en- Londres. Una mirada crítica, mediante un diario personal que no se queda en el egocentrismo, ya que Benedetti no se olvida de la comunidad, y procura descifrar la situación de una clase media que languidece.

La lectura de un libro estimula la mente y el corazón, pero para mí también es algo táctil, casi fetichista; lo toco, lo estrujo; mientras más usado esté, señal de que más me ha apasionado. Muchos libros los subrayo, les hago anotaciones, doblo las esquinas de sus páginas, les pongo papeles como separadores, y si algunos tienen las páginas arrugadas es porque tengo la manía de leer mientras camino por la calle y algunas veces llueve. En casa o en el trabajo siempre tengo un libro en alguna parte, a los pies de la cama, sobre la mesilla de noche, en el salón, en la cartera, en el despacho...

De todos ellos extraigo sabiduría y, aunque muchas veces oímos decir que la verdadera sabiduría se halla únicamente en la experiencia de la vida, yo pienso que todo está en los libros, como todo está en la vida, porque la vida también son los libros. “La tregua” es un ejemplo de ello, por lo que termino con el texto que subrayé en una de sus páginas. “El estilo de cabriola sintáctica de ‘El Debate’; la civilizada hipocresía de ‘El País’; el mazacote informativo de ‘El Día’, apenas interrumpido por una que otra morisqueta anticlerical; la robusta complexión de ‘La Mañana’, ganadera como ella sola. Qué diferentes y qué iguales. Entre ellos juegan una especie de truco, engañándose unos a otros, haciéndose señas, cambiando de parejas. Pero todos se sirven del mismo mazo, todos se alimentan de la misma mentira. Y nosotros leemos y a partir de esa lectura, creemos, votamos, discutimos, perdemos la memoria, nos olvidamos generosa, cretinamente, de que hoy dicen lo contrario de ayer, de que defienden ardorosamente aquel de quien ayer dijeron pestes y, lo peor de todo, que hoy ese mismo aquel acepta, orgulloso y ufano, esa defensa”.

Decidme si todo está en los libros o no.