Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo... los límites del mundo son también mis límites

Todo se inició al "tweetear" esta frase entresacada de los pensamientos y de la lectura del "Tractatus logico-philosophicus" de Wittgenstein. Parece mentira por dónde se puede empezar y dónde se puede terminar.

- UN AMIGO (ALFONSO) LEYÓ LA FRASE Y ME ESCRIBIÓ...

Lo que te decía el día de la comida. ¡Eres un filósofo!. Desprendo de ello que, cuanto más rica sea nuestra capacidad verbal, más amplio será mi mundo, que estará acotado en todo caso.

- A LO QUE LE RESPONDÍ...

Alfonso, yo seré un filósofo pero tu no te quedas a la zaga.

Efectivamente, como bien dices "cuanto más rico sea nuestro lenguaje (no sólo nuestra capacidad verbal) más amplio será nuestro mundo".

Esto, que puede parecer indiscutible, lamentablemente casi nadie lo aplica. Hoy día se llega a pensar casi lo contrario, se piensa que uno se puede encaminar hacia los límites de nuestro mundo a través de otros canales en los que, en muchas ocasiones, se desprecia al lenguaje y es lo de menos. Véase los casos que encontramos en el uso de las "nuevas tecnologías" (SMS, e-Mail, Chats, etc.), son siempre los que ponemos de ejemplo pero, sin embargo, no son los únicos. La mediocridad lingüística (e intelectual) en la que han caído los periódicos y, aún más grave, algunos libros de "éxito de ventas" nos muestran el mismo camino, con el agravante que estos no son efímeros y perduran en el tiempo. Todo ello al final se nos traslada a las personas y así tenemos lo que tenemos, en especial nuestra pobre capacidad verbal a la que te referías.

Como también dices, el mundo está acotado y tiene límites.... pero que lejos estamos de vislumbrar, siquiera, dichos límites. A veces parece que vamos en dirección contraria y, a pesar de las herramientas que tenemos para "abrir nuestro foco" y mirar con perspectiva más amplias, nos encerramos en nuestro "terruño", en nuestras ideologías, en nuestras creencias o en nuestra seguridad a este lado del mundo. Nos sentimos cómodos en nuestra casa, con nuestros políticos, nuestra religión y nuestra cómoda forma de vida, y nos vamos poniendo nerviosos a medida que nos separamos de ello.Nos sentimos incómodos más allá de nuestra regiones, no escuchamos cualquier otra idea que no salga de "nuestros líderes", no comprendemos otras tradiciones o ritos y no estamos dispuestos a modificar los nuestros, y no queremos saber nada de aquél que, lejos de nuestras fronteras (mentales y geográficas), tiene tremendas necesidades o, sencillamente, se muere.

Como dicen en mi pueblo, "para muestra un botón". Ahí tenemos los nacionalismos provincianos o el espectáculo esperpéntico que últimamente estamos dando los "europeos" al resto del mundo; ahí tenemos los "supporters políticos" en las calles, las tertulias o los periódicos, diciendo siempre lo mismo y sin posibilidad de cambiar sus ideas; ahí tenemos los debates vacíos sobre el uso o no uso del hiyab y la intransigencia de unos como de otros aferrados a normas o tradiciones; ahí tenemos el olvido de las guerras que hay en el mundo (de las que todos somos responsables), alejadas de nosotros, y de esa parte del mundo que se muere y que no queremos ni nombrar a pesar de disponer de los recursos, la tecnología y el conocimiento para mitigar el problema... eso sí, a cambio de reducir en un uno por ciento nuestra cómoda forma de vida.

Como te decía, el mundo está acotado y tiene límites.... ¡¡¡ que lejos estamos de vislumbrar dichos límites !!!

Un saludo

PD: ¿Cuándo quedamos a comer para hablar sobre todos estos temas?

- Y ÉL ME RESPONDIÓ...

Suscribo al 95% todas tus reflexiones.

Respecto a tu primer párrafo, la suscripción se eleva hasta el 100%. Existe un absoluto desprecio hacia el lenguaje en todos los ámbitos en los que nos movemos.

Ahora mismo estaba revisando un contrato, redactado por un gabinete jurídico, y me he topado con el “Así mismo” que hace daño a la vista. ¿Es que nadie ha visto nunca escrito ‘Asimismo’, y sin tilde? El otro día, en un Congreso de Facturación Electrónica, en una de las ponencias apoyadas en un Powerpoint se leía: ¿Porqué ….? Jo…er! ¿Es que leemos con los ojos cerrados? Hacía daño a la vista. Y, como bien dices, la cosa adquiere mucha mayor gravedad si quien comete la barbaridad lingüística es un periodista o un profesional de las letras, en su más amplio sentido de la palabra.

Con relación a tu segundo párrafo, el índice de comunión desciende algo (95%). Comparto tu reflexión sobre el nerviosismo genético humano cuando se nos desplaza de nuestro entorno (zona de confort, la llamaría yo), tanto geográfico, como social, político, etc. Pero, y ahí radica el 5% de discrepancia, creo que la zona de confort se va difuminando poco a poco, precisamente porque, cada día en mayor medida, va, simplemente, desapareciendo. Es más frecuente, cada vez encontrar a gente desubicada, que no se encuentra a gusto en su entorno social, geográfico y político. Como diría Rajoy “lisa y llanamente” eso es una muestra de búsqueda de una nueva zona de confort.

Y, finalmente, en relación a tu tercer párrafo, mi correlación con tu razonamiento no puede superar el 90%. Y explico el 10% de desencuentro. No creo que sea un debate vacío y baladí combatir y argumentar contra el uso de costumbres que, desde mi punto de vista, no están sujetos a zonas geográficas, religiones o usos. En alguna tertulia con amigos siempre indico que, en la vida la relatividad en las opiniones y costumbres es mucha, pero que también hay “verdades absolutas” que tenemos que defender, y que no deben de estar sujetas a la demagogia clásica de quienes defienden, a toda costa, y de forma muy hipócrita desde mi punto de vista, la libertad de las costumbres, religiones, etc. Y lo digo por lo del uso del hiyab que mencionas. Creo que, bajo el razonamiento de que cada pueblo o religión tiene sus usos y costumbres, no se debe amparar, por ejemplo, el hecho de que una mujer vaya tapada hasta los ojos. Es humillante en España y en Arabia. Es a lo que yo me refiero como una “verdad absoluta”. Si siguiéramos ese razonamiento, tendríamos que respetar también, por ejemplo, a quienes, al ámparo de una “supuesta” religión, pudieran maltratar a sus mujeres o cortarle la mano a quien roba una gallina. Si lo analizas fríamente, no hay diferencia alguna.

Pon día y hora y debatimos.

Un abrazo … Alfonso

- Y YO VOLVÍ A RESPONDER...

Alfonso

Creo que no me expresé bien en el tercer párrafo ya que me parece que si coincidimos al 100% también en el tema del hiyab (por otro lado es una palabra preciosa que hemos aprendido recientemente).

Yo decía... "ahí tenemos los debates vacíos sobre el uso o no uso del hiyab y la intransigencia de unos como de otros aferrados a normas o tradiciones". Como ves me refería a los unos y a los otros, todos ellos aferrados a sus normas y tradiciones defendidas con un discurso vacío (a mi entender).

En este tema, mi postura es muy clara y muy parecida a las posiciones francesas (país al que he admirado en muchas cosas -otras no- desde que empecé a conocerlo de niño). Defiendo el laicismo del estado hasta su máxima expresión. Para mi esto quiere decir el estado (en su concepción como tal) es el que debe de establecer las normas por las que se regule el mantenimiento de dicho laicismo. Más allá de dichas normas, la máxima libertad religiosa será una componente más de dicho laicismo (es lo lógico).

O sea, traducido al tema del hiyab en las aulas. Las aulas pertenecen al estado, el estado es laico, por lo tanto debe de ser el estado el que diga que dicho pañuelo (como simbolismo religioso que puede tener) no debe de estar permitido. Ahora bien, de la misma manera, no debería permitir la existencia de crucifijos, medias lunas o estrellas de David y tampoco debería permitir una camiseta que dijera "Sonríe, Jesús te ama". En esta última parte es donde aparecen las hipocresías de muchos.

Un paréntesis. Al margen del tema religioso, me parece corrientísimo que las normas de los colegios digan que no se puede asistir a clase con la cabeza cubierta (ni pañuelos, ni gorras, ni cascos, etc.), esto no es un tema religioso sino de sencillo respeto al profesor y a los compañeros. Del mismo modo no se puede ir enseñando los calzoncillos o el tanga. Decir esto hace sentirme viejo, pero es lo que pienso.

Volviendo al tema. Otra cosa distinta es la calle, la cual pertenece a los ciudadanos y no al estado (ingenuo de mi). Creo que ahí cada uno puede vestir como quiera mientras no moleste a nadie (ahí es donde pongo los límites, aunque la palabra molestar sea tremendamente relativa). Sin embargo, llegado a este punto nos encontramos con el tema del burka (también en pleno debate en Francia), el cual, en mi opinión, debería estar prohibido su uso en la calle porque éste, a diferencia del hiyab y más allá del símbolo religioso, sí atenta contra la dignidad de la mujer y eso es un tema que también debe de regular el estado.

Interesante debate.... Para echar leña al fuego. Si el estado es laico, ¿por qué los Ayuntamientos españoles, siendo parte de ese estado, financian y costean las procesiones de Semana Santa?, ¿harían lo mismo con la fiesta del Ramadan o del Yom Kipur?

Cuando quieras.

Un saludo