Rescate a la democracia, con una Alemania que parece amnėsica, y conlos intelectuales en silencio

Hoy he leído El País y me he quedado con 3 artículos de opinión que creo que están muy relacionados. Reproduzco a continuación algunos párrafos que considero interesantes.

"Desde que comenzara la crisis, nos hemos acostumbrado al lenguaje de reformas, recortes y ajustes. Sorprendentemente, sin embargo, hay una reforma ineludible que hemos pasado por alto pero que ni siquiera está en la agenda: la reforma de nuestro sistema democrático. Es cierto que una gran parte de la crisis actual se origina en la existencia de una Europa incompleta. Pero la crisis también ha puesto de manifiesto la existencia de una democracia defectuosa. Esto se refiere tanto a la falta de control y transparencia, evidente en el reguero de casos de corrupción que nos han salpicado en estos últimos años, como a la debilidad del Estado y sus instituciones, incapaces de resistirse a su captura y manipulación por parte de intereses sectoriales, sean estos de carácter privado, empresarial o partidista. Desconcertados por la rapidez con la que se suceden los acontecimientos en el día a día, estamos pasando por alto que la viabilidad de todas estas reformas requiere no sólo una mejora sustancial de las instituciones de gobernanza europea sino, como pone de manifiesto la larga lista de instituciones que han quedado en evidencia durante esta crisis, desde la monarquía a las comunidades autónomas, pasando por el poder judicial, un examen a fondo del funcionamiento de nuestro sistema político. Pensábamos que España se había europeizado profunda e irreversiblemente, pero ahora descubrimos cuánto había de ficción en ese proceso.

Al igual que los países del norte de Europa siguen estando a años luz de España en cuanto a su capacidad de combinar competitividad y justicia social, nuestro sistema político es incapaz tanto de emular los estándares de transparencia que allí se dan por hecho como de asegurar un reparto equitativo de las cargas y las responsabilidades derivadas de esta crisis.

Se mire donde se mire a nuestras instituciones, los partidos han impuesto, primero, el reparto de puestos sobre la base de cuotas de poder y, a continuación, la ideologización de los procedimientos de toma de decisión. De esa manera, más que servir a los ciudadanos, dichas instituciones se han puesto al servicio de los partidos.

Ahí reside la clave. Hasta la fecha, el sistema político ha depositado en sus gestores la responsabilidad de autorregularse. Como era previsible, estos han utilizado esta capacidad reguladora no para atarse, sino para emanciparse del control ciudadano. Esto explica por qué la reforma del sistema político es tan difícil de emprender y encuentra tantas resistencias: como los que deberían emprender esa reforma serían sus principales víctimas, los incentivos para llevarla a cabo son inexistentes.

¿Qué hacer? Redefinir los límites de la política partidista. Al igual que estamos redibujando los límites del Estado del Bienestar, es imperativo volver a decidir quién hace qué y cómo en nuestro sistema político. No se trata de erigir una tecnocracia sino de garantizar que cada institución recuperara su razón de ser democrática en un marco de transparencia y responsabilidad adecuado. Desde esta perspectiva, la refundación de la democracia española ni siquiera requeriría una reforma constitucional, sino la identificación y el rescate, una por una, de todas aquellas instituciones que en la actualidad viven asfixiadas bajo el peso sofocante de la política partidista."

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"Además de la unificación fiscal y política y políticas de crecimiento a corto plazo, los europeos necesitan urgentemente reformas estructurales encaminadas a restablecer la competitividad de Europa. Cada uno de esos pilares es necesario para que Europa supere su crisis existencial.

¿Entendemos nosotros, los alemanes, nuestra responsabilidad paneuropea? Desde luego, no lo parece. De hecho, raras veces ha estado Alemania tan aislada como ahora. Prácticamente nadie entiende nuestra dogmática política de austeridad, que contradice toda experiencia, y se considera que hemos perdido el rumbo en gran medida, o que vamos como en un coche en dirección contraria a la del tráfico. Aún no es demasiado tarde para cambiar de dirección, pero ahora sólo nos quedan días y semanas, tal vez meses, en lugar de años.

Alemania se destruyó a sí misma –y el orden europeo– en dos ocasiones en el siglo XX y después convenció a Occidente de que había sacado las conclusiones oportunas. Sólo de ese modo, reflejado con la mayor claridad en su aceptación del proyecto europeo, obtuvo Alemania la anuencia para su reunificación. Sería a un tiempo trágico e irónico que una Alemania restaurada por medios pacíficos y con la mejor de las intenciones provocara la ruina del orden europeo por tercera vez."

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"Los intelectuales europeos parecen haber asumido que lo que ocurre en Europa es un asunto exclusivamente económico que debe quedar en manos de expertos y que está justificada su ausencia, su deserción, en el debate.

Los intelectuales europeos podrían muy bien responder a preguntas concretas que tienen mucho que ver con sus posiciones morales: ¿es aceptable el sacrificio que se pide a las actuales generaciones de griegos, irlandeses, españoles, portugueses o italianos con el señuelo del futuro? Mejor aún, ¿es aceptable el castigo colectivo de los ciudadanos de esos países por los errores y delitos cometidos por sus gobernantes, todo sea dicho, con ayuda de grandes grupos financieros internacionales?

¿No tienen nada que decir los intelectuales europeos sobre el hecho de que Grecia haya protagonizado el mayor esfuerzo fiscal conocido en la historia, según datos de The Wall Street Journal, reduciendo su déficit primario, es decir, sin el pago de la deuda, del 10,6% al 2%, de 2009 a 2011? ¿Nada que comentar sobre el hecho de que muy poco del dinero europeo que se envía al Gobierno griego sirva para pagar servicios públicos, como nos hacen creer, sino que se destine instantáneamente a devolverlo a los bancos?

¿Son eso asuntos exclusivamente económicos, o existe un aspecto político y moral que debe ser debatido? En honor de Alemania, hay que decir que es un puñado de intelectuales alemanes el que está intentado avivar la llama de ese debate, desde Günter Grass a Jürgen Habermas.¿Dónde están las voces italianas, los intelectuales franceses o españoles en defensa de la construcción europea? ¿A qué esperan para interrogarse por el deterioro de los procesos comunes de decisión o por la galopante renacionalización de la política en Europa? ¿Qué más necesitan para debatir sobre las consecuencias de esa renacionalización en Alemania, observada atentamente por la expectante Rusia?

Europa ha sido capaz, hasta ahora, de ofrecer un modelo social y político diferente al de las otras dos grandes propuestas que existen en el mundo: la de Estados Unidos y la de China. Europa defiende no solo el orden democrático, la economía de mercado y el imperio de la ley, sino también un pacto social, que no existe en las otras dos alternativas. ¿Queremos una sociedad en la que, como en las reuniones del Tea Party, luzcan pancartas diciendo: 'Tu hipoteca no es mi problema'? Aunque resulte menos evidente, la desaparición de la confianza europea es más grave que el aumento de las primas de riesgo. Si los intelectuales son incapaces de encabezar la defensa del modelo europeo, tengan la seguridad de que, como dijo Ferlosio, 'vendrán más años malos y nos harán más ciegos'."

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"Los Gobiernos, por absolutísima que sea la mayoría que posean, nunca son el Estado, sino quienes lo tienen en préstamo (no en propiedad) y lo representan durante un periodo. Y hay elementos del Estado que no pueden cambiarse legítimamente, aunque quizá sí legalmente. Tal vez un Gobierno estaría facultado para vender al extranjero el Museo del Prado, pero sería inaceptable que lo hiciera. Del mismo o parecido modo, no puede privatizar ni desmantelar lo que el conjunto de la ciudadanía considera irrenunciable: la sanidad, la educación y el transporte públicos, por ejemplo. Cada individuo cede parte de su soberanía y de su dinero en beneficio del todo, a condición de que ese todo, el Estado (más allá de cualquier Gobierno transitorio), me proteja y reconozca mis derechos. Si un Gobierno determinado me los recorta y me desprotege y me priva, y adelgaza, debilita o vacía de contenido el Estado, está actuando al margen de éste y rompiendo el contrato o pacto social que nos une y vincula a todos. “No hay otra posibilidad”, se defienden Rajoy y los suyos, y con ese cómodo argumento -no es ni argumento- fomentan el despido y envían al paro a más personas, dejan a los llamados “dependientes” sin ayuda, encarecen, deterioran y limitan la educación, imponen el copago farmacéutico y sanitario, torpedean el consumo y condenan al cierre a numerosos comercios, y así hacen saltar por los aires aquello por lo que todos estamos dispuestos a ceder parte de nuestra soberanía y de nuestro dinero, en pro del conjunto. Sí hay otra posibilidad, Rajoy elige siempre dónde recorta y dónde no, ya lo creo. Hay cosas que el individuo por sí solo no puede procurarse, pero sí el individuo formando parte del Estado. Si un Gobierno toma medidas, viernes tras viernes, que atentan contra la idea de Estado tal como la hemos aceptado o sobreentendido; si aplica una política de “sálvese sólo quien pueda, y el que no, que hubiera ganado más dinero antes”, entonces está quebrando el pacto esencial y se deslegitima a sí mismo, por muchos votos engañados que cosechara, en unas elecciones tuertas."