Estado, religión, inmigración, democracia

Es un gran error creer que un Estado neutral en materia religiosa y una escuela pública laica atentan contra la supervivencia de la religión en una sociedad civil. La verdad es más bien la contraria y lo demuestra precisamente Francia, un país donde en porcentaje de creyentes y practicantes religiosos -cristianos en su inmensa mayoría, claro está- es uno de los más elevados del mundo. Un estado laico no es enemigo de la religión; es un estado que, para resguardar la libertad de sus ciudadanos, ha desviado la práctica religiosa de la esfera pública al ámbito que le corresponde, que es el de la vida privada. Porque cuando la religión y el estado se confunden, irremisiblemente desaparece la libertad; por el contrario, cuando se mantienen separados, la religión tiende de manera gradual e inevitable a democratizarse, es decir, cada iglesia aprende a coexistir con otras iglesias y otras maneras de Reed, y a tolerar a los agnósticos y a los ateos.

.......

La inmigración, en vez del incubo que habita en las pesadillas de tantos europeos, debe de ser entendida como una inyección de energía y de fuerza laboral y creativa a la que los países occidentales deben de abrir sus puertas de par en par y obrar por la integración del inmigrante. Pero, eso sí, sin que por ello la más admirable conquista de los países europeos, que es la cultura democrática, se vea mellada sino que, por el contrario, se nueve y enriquezca con la adopción de nuevos ciudadanos. Es obvio que son estos quienes tiene que adaptarse a las instituciones de la libertad, y no estas renunciar a si mismas para acomodarse a las prácticas o tradiciones incompatibles con ellas. En esto no puede de haber concesión alguna, en nombre de las falacias de un comunitarismo o multiculturalismo pésimamente entendidos. Todas las culturas, creencias y costumbres deben de tener cabida en una sociedad abierta siempre y cuando no entren en colisión frontal con aquellos derechos humanos y principios de tolerancia y libertad que constituyen la esencia de la democracia.